Pasamos, de plano de pasada, por El Triunfo, San Antonio, Los Barriles y Miraflores. En éste último nos detuvimos a comer unos burritos de machaca, frijoles y café. Después llegamos a San José del Cabo, donde sólo entramos a la iglesia, que al parecer no es el sitio misional. Por último, arribamos después de pasar por el corredor turístico, a Cabo San Lucas. Fuimos a comer a un restaurante al lado de la playa, con la novedad de que justo era Spring break, así que nunca esperamos el espectáculo: jóvenes gringos tomando y bailando al ritmo que les pusieran. Por supuesto, los bikinis y shorts dejaban ver cuerpos esculturales de todo tipo. La comida especial fue visual.
El sello final fue haber paseado en panga hacia las playas del amor y del divorcio que señalan los "cabeños", así como el arco característico de la unión entre el Golfo y el Pacífico. Cuando le conté a mi hija que me moría de miedo el fuerte oleaje que se desarrolla en esa parte, dijo que entonces debía estar curadísima la hazaña.




