Pero la realidad, como el dinosaurio del cuento de Monterroso,
está todavía allí: intacta, bueno, no precisamente intacta, rasguñada; esperando la develación.

Rosario Castellanos
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lunes, marzo 14, 2011

Cuento de Isaac, 7 años.

Dentro de 4000 años algunos creemos que el mundo será mejor, otros no. Los que creemos que el mundo será mejor pensamos que así sucederá. Es porque habrá patinetas voladoras, motos que vuelan y los carros también volarán, y los patines en vez de ruedas tendrán motor. Otros creen que el futuro no será mejor porque seremos esclavizados por alienígenas. Fin.

lunes, agosto 02, 2010

Yo no sabía que los escarabajos cuando caminaban por la piel dejaban un rastro de líquido un poco viscoso... ahora lo se porque desde ayer he sentido que varios, no se cuántos, como tres o cuatro, se me han subido por el cuerpo durante la noche... También supongo que los hay de varios tamaños, porque sentí que uno tenía como dos centimetros de distancia entre las patas delanteras y las traseras. Lo supe porque justo ése se subió por el brazo y pude percatarme con más detenimiento de su caminar. Otro recorría las piernas, y éste quizá tenía una distancia como entre tres o cuatro centímetros entre sus patas. Era bastante grande según mi percepción. Había otro pequeñito, chiquito que de repente me pellizcó la espalda. Pero como estaba entre dormida y despierta yo sentía que con mis manos los trataba de aventar lejos, pero no lograba deshacerme de ellos. Es probable que sólo hayan sido tres, o puede ser que más, pero tenían los tamaños descritos y no podía distinguir su número por la cantidad de manazos que di y por el cosquilleo y el ligero rastro líquido viscoso que dejaban. La angustia de no podérmelos quitar de encima llegó en cierto momento de la noche, pero es más seguro todavía que estuviera dormida ya que no recuerdo haberme levantado, pero es seguro que fui a la regadera y tomé un baño, porque amanecí con los cabellos y el cuerpo mojados y sin el espesor del líquido viscoso. Qué bueno que lo hice, aunque en calidad de sonambulismo, ya que no me habría gustado levantarme con la sensación de las patitas recorriendo mi cuerpo y lo pegajoso de sus huellas.

miércoles, junio 16, 2010

A la fecha me he preguntado si existe un dragón en mi casa. A la hora de la llegada y de la salida, abrimos las puertas como todos los días, pero alucinantemente tendemos a hacernos a un lado, porque una sensación de fuego derrite un poco nuestros cabellos y nuestra ropa. Pero ya entrando, o saliendo, se disipa. No nos damos cuenta y seguimos con nuestra vida de adentro de la casa o de afuera de ella. Quizá está en la entrada, o salida. Con sus fauces abiertas, con su mirada profunda y halo de luz y de misterio. Porque no sabemos dónde está o si nos vislumbra cuando estamos cerca. No sabemos cuándo llegó o si siempre ha estado ahí. Tampoco lo vemos, pero estamos seguros de que está. Quien sabe si se irá algún día o su permanencia será hasta nuestra muerte o retirada de la casa. Nunca hemos hablado de ello, no lo creemos necesario, porque no nos molesta, sólo nos sacudimos un poco cuando lo sentimos y entramos, o salimos.

sábado, abril 17, 2010

Historia de bichos

Platicando con mis hijos (nótese que no es recomendable iniciar con gerundios pero ni modo) acerca de cosas asquerosas con las que uno juega cuando se es niño o niña; se reían de mi cuando les conté sobre mi incursión en la caza de moscas. Pues resulta que cuando vivía en Guadalajara tenía como alrededor de 9 o 10 años y había unos juguetitos en forma de animales, que se usaban de adorno y que tenían formas ovaladas o redondas. Dichos animalitos estaban ahuecados y les salían unas manitas o patitas y la cabecita que estaban sueltecitas y que con el aire se les movían. Estoy segura de que nos dijeron en donde las vendían que se les metían insectos en el hueco para que las movieran. Entonces yo duraba en la ventana por largo tiempo en silencio y sin moverme, hasta que se posaba y se quedaba quieta una mosca, que agarraba con la mano y la metía al hueco de los juguetitos. La mosca hacía que se movieran las extremidades de los animalitos y cuando ya estaba falta de oxígeno se moría, por lo que yo volvía a repetir la operación de ir a la ventana. Les comenté que era todo un arte el agarrar a las moscas vivas.
Mis hijos se quedaron con cara de asco y se burlaban de mí, que cómo yo podía hacer semejante cosa, ya de por sí tomar una mosca con la mano era aberrante como meterla al huequito hasta que se muriera, sólo para diversión. Ahora que lo pienso pues sí, era desagradable e inhumano, pero no tanto como algo que hacía mi amiga la Beka, que me contó que cuando era chica, de quien sabe cuántos años, agarraba las lombrices, la verdad no recuerdo si dijo eran las que le salían de la panza o las de la tierra. El caso es que las agarraba, las destripaba, las lavaba en el lavadero hasta que sólo quedaba la piel y las colgaba en el tendedero. ¡Guácala! Mis hijos se morían de la risa y hacían caras de desaprobación.
La Normita luego empezó a contar que cuando era pequeña (ahora tiene 12 años, pero más antes quiso decir), como de cuatro años, según, una vez hizo un entierro de hormigas. Ya que una vez estaba jugando al Bebeleche y se dio cuenta de que había pisado varias hormigas, entonces las barrió con la escoba y las llevó a un huequito que hizo en la tierra del patio de la casa, las metió y las tapó. Luego les deseó buen viaje al más allá y las dejó partir. Isaac y yo nos reímos de su historia. Entonces Isaac me preguntó que qué había hecho él. Le contesté que asquerosamente comía tierra de bebé y que una vez había tomado una tijerilla en sus manos que aventó lejos. Creo que nadie le ganamos a la Beka, pero sí veo que han cambiado las perspectivas de la niñez entre el paso del tiempo y la desruralización de las ciudades en estas últimas décadas.

sábado, febrero 07, 2009

El deporte de equipos en México para mí es una sucesión de derrotas. En general, sí hay buenos jugadores, pero la chispa que hace que un equipo llegue y gane, quien sabe en qué momento se pierde, se esfuma, se va. Siempre parece, parece que van a ganar, pero ya sea el clima, o el árbitro, o la mosca que va pasando, hace que pierdan. En el futbol es horrible, porque hay que aceptarlo: la selección mexicana no es mala, es pésima. Quizá esté vendida, no se, pero el caso es que tendría que haber un milagro para que ganaran un mundial, o un gran soborno. Quizá los de la sub20 sean muy buenos, pero cuando se enfrentan con enemigos serios ya grandecitos en la selección, ahí acabó todo, o con el enemigo natural que es Estados Unidos, equipo de por sí malo, no tienen escapatoria.

El caso del beisbol ha sido un poco diferente, no se mucho de deporte pero creo que son una potencia, los expertos que me desmientan. El día 5 me tocó ver el partido de los Venados de Sinaloa contra los Tigres de Licey, México contra República Dominicana se enfrentaron en la ciudad de Mexicali, durante la Serie del Caribe 2009. El juego estaba muy reñido, el Isaac y yo estábamos viendo, pero nos dormimos como en la octava entrada. Así que en la mañana me di a la tarea de asegurar que hubieran ganado los Venados. Con 12 carreras a 9 llegaron a la victoria el día anterior. En un momento las caras de los dominicanos eran de angustia y los mexicanos se veían bastante confiados. Quizá esa es una desventaja para éstos. En fin, ya no quise ver más, porque seguía el partido más importante que era derrotar a los venezolanos, quienes estaban invictos y con dicho juego podían asegurar el campeonato. Como acabo de ver, y como ya estaba predicho, con 5 carreras sobre 3 vencieron los Tigres de Aragua a los Venados de Mazatlán... Es decir, México quedó derrotado.

sábado, julio 12, 2008

Hace unos días una inmunda cucaracha de las grandes se metió a mi recámara. Como la casa es pequeñita hay muchas cosas y muebles muy juntos, la cucaracha se escondía cuando quería darle un reverendo zapatazo, era muy rápida la muy desgraciada. Se aprovechaba de que yo adolecía de una fuerte jaqueca y cuando asestaba el golpe, no le atinaba o no era suficiente para morir patas arriba. Mis oídos casi podían escuchar sus carcajadas cada vez que se desvanecía por el piso, abajo de la cama o por los zapatos. Eran como las 12 de la noche. Ya no aguantaba el sueño y sentía que la cabeza se me agrandaba y amenazaba con estallar. Entonces, recurrí a la estrategia. Tuve que permanecer inmóvil, en la puerta, con zapato en mano. Esperar y concentrarme. Dejar que tuviera confianza en sí misma, se descuidara un momento y se dejara ver. Yo estaba atenta a cualquier movimiento, a pesar de mi cabeza. Entonces, sólo fue cuestión de tiempo. Salió, mi predicción no falló y zaz, cayó la maldita. Triunfante dejé el cadáver hasta el día siguiente. Dormí tranquila. El después fue resolver el problema de la jaqueca. Pero sin mascotas.

martes, marzo 25, 2008

Yo no entendía cómo aquello se movía. Era como una masa con moscas atrapadas adentro, que no podía verlas pero que la movían, zumbaban y se tambaleaban. La masa no se quedaba quieta, su movimiento incesante me sacaba de quicio. El médico tuvo que encerrarla en un frasco porque al sostenerla y dejarla sobre la mesa, se cayó. No entendía cómo me habían sacado eso de la cabeza, ni por qué era tan grande, cómo no me la había visto. Tantas veces en el espejo y no había visto nada, sólo sentía el dolor que me impedía voltear al lado derecho. Pero éste ya había cesado. Agradecí al médico la operación en la que no morí y la masa con vida propia ya estaba encerrada y poco a poco iba perdiendo movimiento. Pasaron meses hasta que se detuvo por completo, quedó rígida, con las tipo moscas queriendo salir. Yo visitaba al doctor cada dos semanas, más que para ver el progreso de la cicatriz en mi cabeza, quería estar al tanto de cuándo detenía el movimiento la masa. Sentí alivio cuando la vi rígida. Yo ya no sentía dolor, podía voltear a la derecha y la cabeza no pesaba. Podía dormir tranquilamente. Aunque sabía que era un sueño. De cualquier forma y para estar segura, al despertar fui al espejo a verme y constatar que no había tal cicatriz.