Pero la realidad, como el dinosaurio del cuento de Monterroso,
está todavía allí: intacta, bueno, no precisamente intacta, rasguñada; esperando la develación.

Rosario Castellanos

sábado, mayo 08, 2010

Cada año en el mes de mayo, desde el 2004, en el buscador de Ademails que uso para saber quién visita esta página, ingresan personas, mujeres supongo, buscando lo siguiente: "corsach para el día de las madres". Me da mucha risa porque en el 2004 yo escribí un post acerca de la forma en que se celebra el día de las madres y del sistema en que estamos ahogadas las mujeres que en edad reproductiva se nos ocurre la semejante idea de parir un hijo en momentos en que se estudia un "posgrado de excelencia". El día en sí en general siempre me ha caído de "a madre", pero curiosamente yo hice la mención de la frase sobre "el corsach para el día de las madres" y las personas que ingresan que están buscando instrucciones de cómo elaborar un corsach, se topan con mi post. Lo más curioso es que lo abren, no tengo idea de si lo leen pero ¡lo abren!

Ahora claro, que me encuentro en otro "posgrado de excelencia", ni loca me pondría a tener otro hijo. Como digo a los intrépidos que preguntan que cuándo el tercero: "ya cumplí mi cuota demográfica". El sistema hecho por hombres y para hombres, que sigo sosteniendo es así, no está diseñado, al menos en este país, para que podamos "chiflar y comer pinole al mismo tiempo".

viernes, abril 30, 2010




Ahora sí, si seguimos siendo condescendientes con los gringos, seguiremos bien jodidos...
En este 30 de abril, día de la niñez... sigue "en pañales" el reconocimiento a sus derechos.

El caso de los 49 niños de la Guardería ABC fallecidos es denigrante. El hecho de que tengan que ir en grupo al IMSS a exigir que atiendan como debe de ser a cada niño con lesiones es patético. Sumado al grado de impunidad que existe en este país, en donde sabemos, no habrá culpables. Por qué en todo caso, no se le dio la misma cobertura a los niños de Hermosillo como al de Paulette por ejemplo, sin demeritar claro, el hecho de que yace sin vida. Por otro lado, qué pasó con el caso de Blanca Xóchitl y de Amabely Asunción, de 8 y de 11 años respectivamente que por negligencia e inutilidad de las autoridades ahora están muertas. Y ¿dónde está Ilse Michel?, ¿y dónde están todos los niños y niñas perdidos? ¿y los que emigran? ¿y los robados? ¿y los de la calle? ¿y los encarcelados? ¿y los drogadictos? ¿y los que no menciono?

sábado, abril 17, 2010

Historia de bichos

Platicando con mis hijos (nótese que no es recomendable iniciar con gerundios pero ni modo) acerca de cosas asquerosas con las que uno juega cuando se es niño o niña; se reían de mi cuando les conté sobre mi incursión en la caza de moscas. Pues resulta que cuando vivía en Guadalajara tenía como alrededor de 9 o 10 años y había unos juguetitos en forma de animales, que se usaban de adorno y que tenían formas ovaladas o redondas. Dichos animalitos estaban ahuecados y les salían unas manitas o patitas y la cabecita que estaban sueltecitas y que con el aire se les movían. Estoy segura de que nos dijeron en donde las vendían que se les metían insectos en el hueco para que las movieran. Entonces yo duraba en la ventana por largo tiempo en silencio y sin moverme, hasta que se posaba y se quedaba quieta una mosca, que agarraba con la mano y la metía al hueco de los juguetitos. La mosca hacía que se movieran las extremidades de los animalitos y cuando ya estaba falta de oxígeno se moría, por lo que yo volvía a repetir la operación de ir a la ventana. Les comenté que era todo un arte el agarrar a las moscas vivas.
Mis hijos se quedaron con cara de asco y se burlaban de mí, que cómo yo podía hacer semejante cosa, ya de por sí tomar una mosca con la mano era aberrante como meterla al huequito hasta que se muriera, sólo para diversión. Ahora que lo pienso pues sí, era desagradable e inhumano, pero no tanto como algo que hacía mi amiga la Beka, que me contó que cuando era chica, de quien sabe cuántos años, agarraba las lombrices, la verdad no recuerdo si dijo eran las que le salían de la panza o las de la tierra. El caso es que las agarraba, las destripaba, las lavaba en el lavadero hasta que sólo quedaba la piel y las colgaba en el tendedero. ¡Guácala! Mis hijos se morían de la risa y hacían caras de desaprobación.
La Normita luego empezó a contar que cuando era pequeña (ahora tiene 12 años, pero más antes quiso decir), como de cuatro años, según, una vez hizo un entierro de hormigas. Ya que una vez estaba jugando al Bebeleche y se dio cuenta de que había pisado varias hormigas, entonces las barrió con la escoba y las llevó a un huequito que hizo en la tierra del patio de la casa, las metió y las tapó. Luego les deseó buen viaje al más allá y las dejó partir. Isaac y yo nos reímos de su historia. Entonces Isaac me preguntó que qué había hecho él. Le contesté que asquerosamente comía tierra de bebé y que una vez había tomado una tijerilla en sus manos que aventó lejos. Creo que nadie le ganamos a la Beka, pero sí veo que han cambiado las perspectivas de la niñez entre el paso del tiempo y la desruralización de las ciudades en estas últimas décadas.

lunes, marzo 22, 2010

Chimamanda Adichie: El peligro de una sola historia

Muchas de las veces hay que hablar o escribir y otras hay que escuchar... Esta es una de las últimas. Aquí les dejo este enlace...

miércoles, marzo 03, 2010

El dinosaurio

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Augusto Monterroso
Requiescat In Pace

domingo, febrero 21, 2010

¡¡Heeeyyyy!! También tengo una vida...

Para qué relatar que estos meses han sido de trabajo muy intenso porque los que siguen estarán en igualdad de condiciones, así que no tiene caso. Sin embargo, no quiero que pase más tiempo sin contar la forma en que me asaltó el señor X en la noche del día último de 2009.

Todo ese día, sola en mi casa, estuve cocinando. Dos pollos al horno, unos champiñones en vinagre de vino, arroz parecido al cantonés y un jamón con una receta media extraña donde tenía que hervirlo en verduras y menjunjes para luego hornearlo. Se me hizo tarde, hubiera querido que en el inter estuviera más gente conmigo, como mis hijos, pero no, estuve preparando todos los platos viendo diferentes canales de televisión. En lo que busqué unas prendas para que mi hija se pusiera de ropa, lo cual fue bastante difícil, no podía creer que estuviera sufriendo buscándole ropa; además de envasar toda la comida en diferentes "topers", me dieron las nueve de la noche. Fue cuando empecé a subir y acomodar las cosas al carro. Yo lo había dejado afuera porque para qué meterlo al estacionamiento si me iba a ir más tarde, pensé. El caso es que en una de las salidas, ya casi con todo afuera, yo me encontraba agachada acomodando un refractario cuando sentí que me abrazó alguien. Yo voltié y dije: ¡Ah me asustaste! Pero quise como morirme cuando me percaté de que no conocía a esa persona, me quedé paralizada, callada. El fulano vestía chamarra negra, pantalón de mezclilla, era flaco, tenía cabello oscuro y bigote. -A ver, dijo, dame todo el dinero que traigas, dame todo lo que traigas. Seguí callada, metí las manos a los bolsillos del abrigo, no traía nada, mi bolsa la había dejado justo en la entrada de la casa, de hecho, es lo último que siempre saco. Me fui alejando del carro y del fulano paso a paso, él empezó a abrir las puertas y a buscar a ver qué traía. Ya cuando estaba yo como a unos tres o cuatro metros empecé a correr y a gritar como loca. -Señora Yuli, señora Yuli, ayúdenme, ayúdenme. No salía nadie, -oh Dios, pensé, nadie va a salir, nadie me ayudará. Salió una señora de una casa y unos hombres que habían llegado en un carro me ayudaron. Fueron a mi casa, la señora trató de calmarme. Para los minutos que habían pasado ya estaba yo llorando. El fulano se había ido cuando llegaron mis refuerzos. Se metieron a mi casa, a ver si no estaba adentro y nada. Había desaparecido. Fue todo muy rápido. A los cinco minutos llegó un comando de la policía encapuchado y armado hasta con los dientes, encañonando no se qué pistolas y armas. Han de haber andado cerca. Pensé que estaba a merced de ellos. También revisaron la parte de atrás de la casa y no había rastros del señor X. Fue cuando me di cuenta que se había llevado el botín de dos botellas de vino. -Ah, dijo uno de los encapuchados, era un chupitos. -¿Le pasó algo?, se oyó una voz de mujer, -No, respondí, aparte de la agasajada que me dio el fulano, no, no me pasó nada. Se escucharon algunas risas y otro comentó: -cómprese un perro doña. -Bueno, lo haré, dije. Se fueron en sus dos trocas y yo arranqué en mi carro a la cena de año nuevo. No tuve mucho apetito.

Fue una fortuna que el señor X no trajera pistola ni navaja, quizá otra fuera la historia, claro que el susto nadie me lo quitó. Duré días sin poder dormir en la casa. Posteriormente, la segunda semana de enero estuve en la ciudad de México. Llegué con mis amigas la Lore y la Areli, pero tuve que irme a otro lugar porque no podía con la alergia a Dardel, su gato. El asma era insoportable, pero creo que más que el gatito, fue la acumulación del susto del asalto sumado a la alergia y a una especie de catarsis. Un día que subía las escaleras para entrar en el metro me quedé sin aire. Me sorprendí buscando mi spray Ventolín en la mochila, desesperada, con movimientos torpes, pensando en que me iba a morir ahí sola y nadie iba a saber quién era. Otros días me puse a caminar por el centro de la ciudad, cuadras y cuadras viendo las tiendas hasta que me dolían las piernas. Aun con el asma seguía caminando. Ya de regreso en Tijuana estuve nebulizándome por bastante tiempo. El asma me duró como otro mes. La suma de la carga de trabajo, el frío y la lluvia, la alergia a los mininos, más el susto del asalto fue implacable. ¿Qué hacer? No hay más que calmarme.

Lo más triste de todo esto, creo, es el hecho de que anden individuos viendo a quien asaltan o sacando lo que se pueda a quien se les pare enfrente es pan nuestro de cada día en Tijuana. ¿Cómo es posible que me haya ido tan bien porque no sacó una pistola o un cuchillo?, ¿cómo es posible que me sienta afortunada por ello? La crisis económica y de seguridad ha llegado a todos los niveles y a todos los sectores de la población. Amanecer y estar seguros de que mataron a una o varias personas por la razón que sea es patético. Cada día estamos peor y vivir así no es precisamente vida.

viernes, enero 22, 2010


Tomado de periódico Frontera. Foto de Jesús Bustamante

Mmmmm la Tijuanita... tal parece que el flujo de agua sobre la ciudad cuando llueve nunca ha sido una prioridad para nuestras autoridades... Si desde su tiempo como ciudad pujante en crecimiento poblacional se ha estancado y convertido en un caos ante las lluvias de invierno, es demeritante que a cerca de cuarenta años de ese periodo siga por el mismo estilo...